La afirmación
El panpsiquismo dice que la experiencia no surge de la nada cuando la materia se organiza en un cerebro. Está ahí desde el principio, como rasgo básico del mundo físico, en alguna forma mínima. El cerebro es especial porque la combina y la concentra.
Dicho así, suena místico. El argumento moderno a su favor es seco y nace del problema difícil.
Por qué los filósofos lo toman en serio
La física describe lo que la materia hace: masas, cargas y cómo interactúan. No dice nada de lo que la materia es intrínsecamente. La observación se remonta a Bertrand Russell y Arthur Eddington en los años veinte.
Conocemos un caso en el que tenemos acceso a la naturaleza intrínseca de algo de materia: nuestro propio cerebro, visto desde dentro, como experiencia. El monismo russelliano propone el encaje más simple: la naturaleza intrínseca que la física deja en blanco es, en todas partes, experiencial o protoexperiencial. Así la conciencia tiene un lugar en la naturaleza sin añadir nada a las ecuaciones.
David Chalmers, Philip Goff (El error de Galileo, 2019) y Galen Strawson han desarrollado versiones de este argumento. Por eso, en los últimos veinte años, el panpsiquismo pasó de los márgenes a una posición respetable en la filosofía de la mente.
Los problemas
Combinación. Si un electrón tiene un destello de experiencia, ¿cómo se convierten los destellos de las partículas de cien mil millones de neuronas en un único punto de vista unificado? Sumar experiencias pequeñas no produce, de forma evidente, un sujeto mayor. Es el problema que los propios panpsiquistas consideran más difícil.
Comprobabilidad. En su forma habitual, el panpsiquismo no predice ninguna observación que un fisicalista no predijera también. Una piedra se comporta igual tenga o no un rastro de experiencia. Una hipótesis que no prohíbe nada difícilmente cuenta como ciencia.
Dónde está la línea. Si todo tiene experiencia, la pregunta interesante pasa a ser qué sistemas tienen experiencia unificada, y eso exige un criterio estructural, lo que nos devuelve a teorías como la IIT.
Parientes: IIT y cosmopsiquismo
A la teoría de la información integrada a veces se la llama panpsiquista porque atribuye algo de conciencia a cualquier sistema con información integrada. Es más selectiva que el panpsiquismo clásico: un montón de arena casi no tiene, por muchas partículas que contenga.
El cosmopsiquismo invierte la dirección: el universo es el sujeto básico, y las mentes individuales son fragmentos de él. Evita el problema de la combinación y hereda uno simétrico: ¿cómo se divide un único sujeto cósmico en muchos puntos de vista privados?
¿Es consciente el universo?
No hay pruebas de que lo sea, ni una forma consensuada de medirlo. Lo que sí se puede medir es la estructura: cómo se integra y se intercambia la información a distintas escalas. El cerebro y la red cósmica comparten algunas estadísticas de red, y la ley física puede escribirse en términos informacionales. Esos hechos hacen pensable la pregunta por la conciencia a escala cósmica. No la responden.
El programa de investigación de este sitio se queda del lado medible. Pregunta si el universo procesa información como una red y construye esa idea como un sustrato computacional funcional, con falsadores formulados de antemano. Si ese procesamiento va acompañado de experiencia queda abierto hasta que alguien encuentre una forma de medirlo.
Conclusión
El panpsiquismo es una respuesta filosófica seria al problema difícil con dos dificultades sin resolver: la combinación y la comprobabilidad. Una versión aprovechable por la ciencia tendría que nombrar una magnitud estructural y predecir dónde aparece la experiencia rica y dónde no. Hasta ahora, la IIT es el intento más cercano.