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18 de diciembre de 2024·4 min

Experiencia cercana a la muerte: qué sabe la neurociencia y qué no

La experiencia cercana a la muerte es real. La pregunta es qué nos dice sobre el cerebro.

Nací medio estrangulado y pasé los primeros minutos de mi vida sin oxígeno. No recuerdo nada, claro. Lo que sé de la muerte clínica en otras circunstancias viene de varias decenas de relatos que he leído y contrastado.

La experiencia cercana a la muerte (ECM) es uno de esos fenómenos en los que los partidarios de lo paranormal y los materialistas cavaron sus trincheras hace mucho y desde entonces se disparan. En ese campo casi nadie habla con calma. Voy a intentarlo.

Qué se observa de verdad

La ECM clásica sigue un guion: salir del cuerpo, recorrer un túnel, la luz, el encuentro con familiares ya fallecidos, la revisión de la vida, el regreso. No le ocurre a todo el mundo. Le ocurre a una parte pequeña pero constante de quienes sobreviven a un paro cardíaco o a otro roce con la muerte: según el estudio, entre el 9 % y el 18 % de los supervivientes de un paro cardíaco relatan alguna forma de ECM (van Lommel, 2001; Parnia et al., 2014).

El fenómeno en sí está bien documentado. El problema empieza con su interpretación.

Qué dice la neurociencia

Hoy se conocen varios mecanismos neurobiológicos, y cada uno explica una parte de la ECM.

— Hipoxia y reperfusión. Sin oxígeno, las neuronas de la corteza visual empiezan a dispararse de forma caótica, y desde dentro eso se ve como un túnel con luz al final (Blackmore, 1993).

— DMT y psicodélicos endógenos. Rick Strassman sugirió que el cerebro, al morir, libera su propio DMT. En humanos no se ha confirmado, pero se ha encontrado DMT en el cerebro de ratas, y su nivel sube durante el paro cardíaco (Dean et al., 2019).

— Una ráfaga gamma antes de la muerte. Borjigin y sus colegas registraron en los últimos segundos un breve estallido de ondas gamma, primero en ratas (PNAS, 2013) y después en algunos pacientes moribundos (PNAS, 2023), más intenso en las regiones ligadas a la percepción y la memoria. El cerebro se enciende una última vez, con más brillo que en la vida corriente. Quizá de ahí venga la "consciencia hiperlúcida" que describen tantos supervivientes.

— Intrusión del sueño REM. Nelson y sus colegas (Neurology, 2006) vieron que las personas con ECM tienen con más frecuencia episodios en los que el sueño REM irrumpe en la vigilia. De ahí la hipótesis de que la ECM sea una especie de sueño desencadenado en condiciones extremas.

Ningún mecanismo explica la ECM entera, pero, sumados, dan cuenta de la mayor parte de lo que cuentan los supervivientes.

Qué no sabe la neurociencia

Aquí pasa la frontera.

Los relatos de detalles precisos de la reanimación, vistos como "desde arriba" (la literatura los llama percepciones verídicas), son difíciles de estudiar con método. Pim van Lommel (Lancet, 2001) reunió en los Países Bajos una cohorte de 344 pacientes; el 18 % relató una ECM, algunos con detalles verificables. Pero el estudio AWARE (Parnia et al., 2014), diseñado precisamente para poner a prueba la percepción "desde arriba", dio un resultado modesto: de los 101 pacientes entrevistados, solo uno recordó un hecho que pudo comprobarse de forma independiente.

Ese resultado no permite declarar mito las percepciones verídicas. Pero su rareza y la dificultad de reproducirlas obligan a la cautela.

Sigue abierta también la cuestión de los cambios duraderos de personalidad. Muchos supervivientes cuentan que sus valores cambiaron, que el miedo a la muerte se atenuó, que su relación con el trabajo se transformó. Eso puede comprobarse estadísticamente, y las comprobaciones lo confirman. Pero se explica bien sin ningún "contacto con otra realidad": así se manifiesta el crecimiento postraumático, la reorganización de la personalidad tras una experiencia extrema.

Lo que pienso yo

Ordeno mis conclusiones en tres grados de confianza.

Establecido: la ECM es un fenómeno neurocognitivo real, con una fenomenología característica. Se da en el 9–18 % de los supervivientes de un paro cardíaco y cambia la personalidad a largo plazo.

Preliminar: parte de la fenomenología (el túnel, la luz, la revisión de la vida) se explica por mecanismos neurobiológicos conocidos. La ráfaga gamma terminal es la pista más prometedora para la "consciencia hiperlúcida".

Especulación: las percepciones verídicas, si de verdad existen, pueden apuntar a algo más allá del modelo estándar de la consciencia. O pueden ser un artefacto de la memoria, reconstruida a posteriori con retazos de información. Por ahora, la única respuesta honesta es "no lo sé".

En la Cosmología Neural, la ECM es un caso límite interesante. Si la consciencia es procesamiento de información en un nodo local de una red mayor, ¿qué pasa cuando el nodo sale de la red? La respuesta estándar: el proceso se detiene. La otra: por un breve instante el nodo pierde su "filtro" y ve lo que normalmente queda fuera de su alcance.

Cuál de las dos es la correcta, no lo sé. Y mientras ese "no lo sé" siga en pie, dejo la puerta entornada. Solo entornada, para que no entre la corriente de la oficina de al lado, donde venden "contacto con espíritus" por 150 dólares.

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