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15 de agosto de 2024·3 min

La red: qué significa realmente "todo está conectado"

En la conversación, la frase "todo está conectado" no dice nada. En la ciencia dice mucho, siempre que se especifique cómo.

Decir que "todo en el universo está conectado" es más o menos tan útil como decir que "todo el mundo tiene teléfono". Es cierto y no sirve de nada, porque lo interesante está siempre en los detalles: con quién, con qué frecuencia, por qué canal, con qué ancho de banda.

En los últimos veinte años, la ciencia ha dado respuestas concretas a esas preguntas. Voy a repasarlas.

La red de vínculos humanos se puede medir

Las redes sociales se estudian como grafos desde los años cincuenta, pero la medición seria empezó en los dos mil, con la llegada de los grandes datos. Nicholas Christakis y James Fowler (NEJM, BMJ y otras revistas, 2007–2009) mostraron que la obesidad, el tabaquismo, la felicidad y la soledad se propagan por una red social hasta el tercer grado de separación: los amigos de los amigos de tus amigos influyen en tu peso. El efecto es pequeño, pero estadísticamente sólido.

Cuánto de esto es causal se sigue discutiendo, pero los canales, si funcionan, son de lo más terrenales: conversaciones, actividades compartidas, imitación. No hace falta mística. La red existe, funciona y puede medirse.

Los ecosistemas son redes que se ven

Robert May (Oxford, Nature, 1972) demostró matemáticamente que un ecosistema demasiado conectado es, al contrario de lo que se cree, menos estable: multiplicar los vínculos no aporta estabilidad por sí solo. La conexión puede ser fértil o frágil, y el carácter de los vínculos importa más que su número.

Un bosque tropical y un arrecife de coral están ambos densamente conectados, pero el bosque se recupera tras un incendio y el arrecife apenas se recupera tras el blanqueamiento. La diferencia está en cómo se organizan los vínculos: qué nodos son clave, dónde hay margen y dónde no.

La frase "todo está conectado" se salta justo esa estructura, que es lo único que hace interesantes a los sistemas. La conectividad es un parámetro, y puede ajustarse.

El entrelazamiento cuántico: un vínculo de otro tipo

El entrelazamiento es real (Delft, 2015) y no local, pero no sirve para transmitir información. Es un resultado demostrado, el teorema de no comunicación.

En la práctica, eso significa lo siguiente. Dos partículas entrelazadas en extremos opuestos de la galaxia "saben", en cierto sentido, la una de la otra, pero ni Alicia ni Bob pueden usar ese "vínculo" para enviar un mensaje. Para eso hace falta un canal clásico: luz, una señal, un mensajero.

Por eso, citar el entrelazamiento como prueba de que "todos estamos conectados telepáticamente" es usar el concepto fuera de lugar. Ahí hay un vínculo, pero de un tipo muy distinto del que se desea.

Qué queda

Tres capas de conectividad que de verdad funcionan.

  1. Social. La conducta, la salud y el estado de ánimo se propagan por contactos reales hasta el tercer grado. Es medible y útil en la práctica: conviene elegir el entorno, porque filtra lo que te llega.

  2. Ecológica. Los ecosistemas se enlazan mediante cadenas alimentarias, ciclos químicos y migraciones. Basta derribar un nodo para que una cascada recorra la red, algo que se ve sobre todo cuando se extinguen especies clave.

  3. Informacional y física. Si la gravedad es emergente (Verlinde) y el universo es una red neuronal (Vanchurin), la conectividad en el nivel más profundo es, sin más, la arquitectura del universo. Es especulación, pero especulación comprobable.

"Todo está conectado" en el sentido de "hay un camino entre dos puntos cualesquiera" es cierto, pero trivial. "Todo está conectado" en el sentido de "entre ellos hay ancho de banda y algo circula" es mucho más interesante, siempre que se deje la magia en la puerta y se cuente el grafo.

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