En 1935 Einstein, Podolsky y Rosen publicaron un artículo hoy conocido como la paradoja EPR. Formalmente, un intento de mostrar que la mecánica cuántica es incompleta. En la práctica, el primer enunciado de lo que más tarde se llamaría entrelazamiento cuántico.
Einstein lo llamó spooky action at a distance. Estaba convencido de que el fenómeno era un artefacto, y de que detrás de la mecánica cuántica debía haber una teoría local más profunda con variables ocultas.
En 2015 el equipo de Ronald Hanson en la Universidad Tecnológica de Delft hizo el llamado test de Bell loophole-free. Electrones en defectos de diamante, separados por 1,3 kilómetros. Ninguna rendija abierta — locality loophole cerrado, detection loophole cerrado. Resultado: la desigualdad de Bell se viola. El realismo local está muerto.
Una medición, no una noticia discutible. Desde entonces se replicó en Viena (Zeilinger), en Múnich, en el NIST. Mismo resultado.
Qué no implica esto
La no-localidad de la mecánica cuántica no lleva a: el cerebro es un ordenador cuántico; la consciencia está repartida por el universo vía entrelazamiento; se puede "subir" una mente a la nube o "sintonizarse" con un campo. Nada de eso se sigue del resultado.
El error clásico de interpretación: se toma un hecho físico real (el entrelazamiento es real) y se le pega una especulación (el entrelazamiento opera dentro del cerebro), como si el primero sostuviera a la segunda. No la sostiene.
Qué puede implicar
Roger Penrose y Stuart Hameroff, desde mediados de los 90, desarrollan la hipótesis Orch-OR: estados cuánticos coherentes en microtúbulos neuronales, cuyo colapso se asocia a momentos de elección consciente. La mayoría de los físicos se mostraba escéptica: a temperatura corporal, la decoherencia debería destruir cualquier coherencia en picosegundos.
En 2022 Jennifer Frisch (Trinity College Dublin), Monika Hirschak y Tristan Farrow (Purdue) publicaron un trabajo mostrando que los microtúbulos sí exhiben tiempos de coherencia largos en condiciones fisiológicas. Lejos de una prueba de Orch-OR. Pero la hipótesis deja de descartarse a primera vista.
Un estatus interesante: una teoría que antes quedaba fuera de la discusión seria ahora cuelga en "especulación testable".
Tononi, IIT, y su problema
Giulio Tononi propuso otro enfoque — la Integrated Information Theory. Consciencia, para Tononi, es una medida de integración de un sistema, denotada Φ (fi). Cuanto más se comporta un sistema como un todo en vez de como partes independientes, mayor es su Φ.
La teoría es elegante. Su debilidad es computacional. El Φ exacto de un sistema del tamaño de un cerebro es incomputable: la complejidad crece exponencialmente. Los críticos (Scott Aaronson) señalan algo más: la IIT hace predicciones extrañas para sistemas artificiales — por ejemplo, que una simple red de puertas lógicas tiene una consciencia por encima de la humana. Tononi reconoce el problema sin abandonar el marco.
Territorio normal para una teoría honesta. Hace predicciones que se pueden criticar.
Lo que pienso
Tres niveles de certeza.
Establecido: la mecánica cuántica es no-local (Delft 2015 y después). La información es física (Landauer 1961, experimento 2012). La consciencia correlaciona con actividad cerebral integrada, no con volumen (Tononi y los laboratorios de Tucson).
Preliminar: los microtúbulos pueden sostener la coherencia más tiempo del que se pensaba. Orch-OR se vuelve discutible, aunque no probada.
Especulación: si la gravedad es emergente (Verlinde), el universo es una red neuronal (Vanchurin), y la consciencia es información integrada (Tononi), entonces estas tres afirmaciones tal vez estén describiendo el mismo fenómeno desde ángulos distintos. Precisamente, especulación. Especulación que ya se puede empezar a testar.
La consciencia cuántica ahora mismo es un conjunto de mediciones, no una teoría terminada. Cada una de ellas, por ahora, sigue viva.