John Archibald Wheeler, el físico al que debemos el término "agujero negro", formuló en 1989 un principio que cabe en tres palabras: it from bit, "todo sale del bit". La materia, el espacio y las fuerzas, si Wheeler tiene razón, derivan de una capa más profunda, habitada por bits.
Entonces sonaba a metáfora pretenciosa. Hoy suena a programa de investigación.
Landauer: la información es física
En 1961, Rolf Landauer mostró que borrar un bit de información libera como mínimo kT·ln 2 julios de calor; quedar por debajo de ese umbral supondría violar la segunda ley de la termodinámica. En 2012, Bérut y sus colegas (Nature) lo midieron en el laboratorio. Atraparon una única partícula coloidal en una trampa de doble pozo y borraron la información sobre su posición, y cuanto más lento era el borrado, más se acercaba el calor liberado al límite de Landauer.
Ese resultado basta para cerrar la cuestión. La información tiene un coste termodinámico. Es física en el mismo sentido en que lo es la energía.
Elección retardada: una rareza que sigue siendo rara
En los últimos veinte años se han hecho muchos experimentos de elección retardada. El guion es este: un fotón atraviesa un interferómetro, y la decisión de cómo medirlo (como partícula o como onda) se toma después de que lo haya cruzado. La intuición clásica dice que eso no puede funcionar, porque el resultado debería estar ya decidido por lo que hizo el fotón.
Los resultados concuerdan con la mecánica cuántica: el fotón se comporta como exige la medición elegida, aunque la elección llegue más tarde. Puede leerse como información que viaja hacia atrás en el tiempo. O puede concluirse que la pregunta "qué hizo el fotón" antes de la medición no tiene sentido. Los físicos prefieren la segunda lectura, pero también ella deshace la imagen intuitiva del tiempo como una cinta que corre de izquierda a derecha.
Qué significa esto para la consciencia
Hay que admitir dos hechos.
- La información es un objeto físico con coste termodinámico (Landauer, Bérut).
- Los sucesos cuánticos no tienen un "antes de la medición" bien definido (el experimento mental de Wheeler; el experimento de Jacques, Aspect y colegas, 2007).
Juntos dibujan un cuadro en el que el tiempo es la manera en que los procesadores locales de información, los cerebros por ejemplo, ordenan sus interacciones con el universo. La flecha del tiempo es el gradiente de aumento de la entropía para un observador dado. Fuera de un proceso computacional concreto, el "cuándo" no tiene contenido físico.
La idea no es mía. Carlo Rovelli le dedicó un libro, El orden del tiempo (2017), y Julian Barbour, antes que él, The End of Time (1999). Barbour llega a pensar que el tiempo no existe: solo hay un espacio platónico de configuraciones instantáneas del universo, y el "fluir" es una ilusión. Yo no llego tan lejos, pero los físicos discuten esa postura en serio, y despacharla sería deshonesto.
Dónde empieza la especulación
No es especulación: la información es física, el tiempo es emergente en la mecánica estadística desde Boltzmann (1872), y la medición cuántica no tiene "antes".
Media especulación: el cerebro es un procesador local de información, y su sentido del tiempo es un subproducto de sus cálculos. La neurociencia confirma que el tiempo percibido se estira y se encoge según aquello en lo que esté ocupado el cerebro (Eagleman, Current Opinion in Neurobiology, 2008). Si la flecha subjetiva coincide con la física, aún no se sabe.
Especulación: "eco de la consciencia", "el déjà vu como viaje de la información". Son fórmulas bonitas, pero ninguna medición las separa todavía del funcionamiento corriente de la memoria.
Lo dejo en la carpeta de "interesante de comprobar"; "demostrado" queda lejos.
Si Wheeler tiene razón, la consciencia es lo que produce el tiempo, localmente, a partir de bits.
